Otro Paraíso.





Ella lee… Solitaria y en silencio...lee y repasa una y cien veces los escritos de su amado, el poeta.

Y desesperadamente se busca… intenta hallarse oculta detrás de algún triste verso, en alguna palabra aguda o grave, pero que la involucre. No sabe bien de que se trata, pero delira deseando encontrarse en aquella oración de puntos suspensivos…

Ama los puntos suspensivos y se flagela con cada uno de ellos…

La lectura se ve interrumpida por un punto y coma que desafiando a imposibles e inexistentes críticos de la ortografía y la gramática, le da la pausa justa y necesaria, una inflexión ante aquel arrebato que la invade, un impulso canalla que la toma y la satura perversamente, un sentimiento viejo y desconocido del que huye, para volver a evitar enfrentarlo…

Corre y nunca se aleja…

Tras el cristal de una primera lágrima, su mirada quiebra en los renglones de esos tiranos versos, y sueña inútilmente, que quizás ella sea la afortunada, o no, musa inspiradora de tan bella poesía.

El llanto no la confunde y cubre de un fugaz entendimiento el ensueño y la pesadilla que le toca estelarmente protagonizar, un espejo de crueles verdades que delatan lo que no nunca aceptará…

Se resiste, pero se rinde…

Murmullos que nadie oye, silenciosos gritos al oído, en noches plagadas de fatales secretos, noches de besos que cambian de sabor y de labios con suma facilidad.
Esta noche de poesía rompecorazones, de caricias que no fueron, de brisas húmedas y huracanadas que la hieren con despiadada indiferencia.

Vientos y caricias que nada más ayer, eran el pasaporte perfecto hacia la luna que a tantos poemas le había robado, hacia aquel paraíso, que ahora, inalcanzable, la condena a buscar en otras letras lo que ella misma se encargó en hacer desaparecer.

En este cielo ella es la noche, pero lamentablemente este hoy es su paraíso…