Almas Gemelas.





Una vez, Ángel conoció a un joven que tanto lo atormentaba el asunto de las almas gemelas, que emprendió un largo viaje para dar con la suya. Tan vacío e incompleto se sentía que recorrió largas distancias en pos de su gran anhelo: hallar a su media naranja. De su norte a sur, violó fronteras sin puestos de gendarmes que pidieran los documentos de su travesía y traspasó los límites que su identidad sí le delimitaba.

Esa enfermiza sensación de estar fragmentado, y de que había otra mitad arrancada de su ser en algún lugar del planeta que esperaba por su arribo y consuelo, lo encegueció de tal modo que se volvió un obsesivo erudito del tema.


Devoró enteras las teorías de Platón y de otros tantos charlatanes al respecto, y hasta distorsionó versículos de las Sagradas Escrituras para que afirmaran sus delirios y presunciones. Realizó cuestionarios “Cómo reconocer a un alma gemela” en donde con tan sólo tres respuestas positivas, indicaba que sí, efectivamente estaría en presencia de su tan ansiada mitad faltante.


Y de tanto, tanto buscar, encontró. Pero lejos de ser la sanadora esencia que ambicionaba hasta la locura y sin escrúpulos, fue a dar con un alma en pena, la de Angel.


Aficionado a la lectura y agnóstico por naturaleza, Angel jamás le dio cabida a todas esas gansadas, y si en su biblioteca existía una Biblia, era por la apasionante novela que lo tenía a Jesucristo como protagonista estelar de aquella fábula.


En lo que sí creía Angel era en el amor, en aquella irrazonable e inmensa pasión que lo unía a Isabel, su Isabel, compañera y amante desde poco más de una década.


Una tarde, en la que Angel revolvía entre documentos y facturas por pagar, se topó con una cantidad de fotocopias con información referida a distintas interpretaciones y definiciones de las llamadas “Almas gemelas”. Los escritos, disimulados en folios con contratos de locación y otros papeles, sorprendieron a Ángel, ya que por lo visto, a Isabel sí le interesaba ese tipo de lectura.


De él, no eran seguro.


¿Sentiste qué el corazón se te detuvo? ¿Descubriste una afinidad inmediata, un amor sobrecogedor? ¿Estás todo el día pensando en alguien? ¿Sentiste qué cuándo alguien se fue se llevó un pedazo de tu corazón?


Cuatro respuestas positivas.


Y hoy, en una noche oscura pero familiar, dos almas gemelas, las de Isabel y su hermano, se desangran a los pies de un alma en pena...